sábado, 28 de abril de 2012

Bésame.

Amor y Orgullo.
Están tan lejos... pero a la vez tan cerca. Dos palabras que a veces se complementan, y desgraciadamente en otros momentos se contradicen. Sin duda alguna, estos dos términos se nos presentan a lo largo de una relación demasiadas veces... quizás más de las que deberían presentarse. Sin previo aviso, una parte de la relación, de esa unidad, se corrompe. Hay peleas... quizás por motivos éticos o más bien todo lo contrario, meros inventos con una finalidad inexplicable. La cuestión es que todo va cuesta abajo y sin frenos, situación de la cual tan sólo se sale cuando un lado 'flaquea' y 'se rebaja' ante el otro. No hay justicia en eso. ¿Por qué evitar la mirada de tu pareja, despreciar el roce de tu mano o impedir un beso...? Quizás cuando se pierde algo es cuando se valora este tipo de gestos. Cuando el orgullo grita, el corazón calla. Después uno se da cuenta de lo que ha perdido, de lo que pudo tener y por cobardía no quiso disfrutarlo. No es tarde para volver a empezar... para renacer de las cenizas, volver a encender esa vela, volver a activar la magia. Tan sólo quiero que pongas la mitad de parte de la que yo ya estoy dispuesto a entregarte. Con eso y sólo eso seré feliz, incluso más de lo que te imaginas. Bésame como hacías antes, que me elevabas hasta el infinito; abrázame hasta el momento en el que se me encoja el alma; siénteme como si fuera lo último que haces en tu vida... Dejemos a un lado el orgullo... y abrámosle paso al amor.

 
Nacho Liaño

No hay comentarios:

Publicar un comentario