miércoles, 23 de mayo de 2012

Cuando menos te lo esperas.



Cuando menos te lo esperas.
Nunca te vi como ella
Yo ya te conocía, quizás más de lo que tu imaginabas, pero nunca pensé que fueses a llegar a ser ella. Recuerdo como si fuera el primer día cuando te conté que salía con una chica, tú me mirabas, sonreías y te alegrabas por mí. Yo hacía lo mismo cuando me desvelaste que eras presa de unos labios que te dejaban en vela noche tras noche. Recuerdo el día en el que lo dejasteis, lo pasaste bastante mal, pero ahí estuve yo para animarte. Fueron tantos los momentos, fueron tantas las historias que vivimos juntos...  había algo tan poderoso entre nosotros... 
Eras mi fiel amiga. 
Pero, de repente, todo cambió. Nadie me mandó ni me obligó, simplemente lo supe aquél día que me levanté de la cama. Lo primero que sentí aquél día fue un escalofrío que me llegaba hasta el alma, un estremecimiento al escuchar tu nombre, ese sobresalto al reconocer la ternura de tu voz. No podía ser, esto no era normal, no podía estar escrito... Desconsoladamente, me hice la misma pregunta que todos nos habremos hecho alguna vez, como una especie de interrogación de autoterapia con la que nos sentimos todos mejor tras escucharla. Y es que... ¿quién no se ha enamorado alguna vez de su amigo/a? A partir de entonces, no te volví a ver como antes. Ese pelo que antes utilizaba como medio para hacer mis pillerías amistosas, ahora se convirtió en algo tan preciado... anhelaba tocarlo, olerlo, acariciarlo. Unos ojos que derramaban simpatía, ahora daría lo que fuese porque salpicasen algo de correspondencia. Esos besos en la mejilla... ¡cuánto ansiaba volverte a ver día tras día para tener una excusa y así poder saludarte y recibirlos! Unos abrazos que en pocos segundos se difuminaban y con ellos mis deseos de seguir abrazados, seguir enlazados. Una historia que nunca tuvo ni pies ni cabeza... pero que yo traté de componerla poniendo mi corazón. Eras tú la que realmente, y sin quererlo, comenzaste a sentir todo aquello con lo que mi mente soñaba cada noche. Eras tú quién se despertaba en mi cama, medio desnuda, susurrándome por qué el tiempo fue tan egoísta uniendo nuestros destinos tan tarde. No era fácil de contemplar, no era fácil de acostumbrar y mucho menos era fácil de entender. La cuestión, cariño, es que volví a querer. Y no era un querer de ésos... como los de la otra vez. Lo que sentía por ti era aquello multiplicado por diez. Y es un gesto, un guiño, un abrazo, un susurro, un deseo, un beso, una mirada... que en mi corazón hacían huella. Mirar cada noche el cielo, y ser tú la más brillante estrella.

Porque ahora sé que con ella, la vida es bella.

Nacho Liaño

3 comentarios:

  1. Enamorarte de un amigo puede llegar a ser sensacional, te conoce y sabe como eres. El problema llega cuando eso no termina de cuajar y esa amistad desaparece. Aún así, felicidades por esta entrada, bonita historia.

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  2. Así es. El miedo a comenzar una relación ha abortado muchas situaciones así, las conozco de primera mano. Me alegro mucho que te haya gustado. Un saludo

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  3. Sin palabras... Qué bonito Nacho!! :)))

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