jueves, 28 de junio de 2012

¿Quién está tras el gatillo?

Normalmente cuando un joven inicia una nueva etapa se pregunta a sí mismo varias cosas. En la cual me encuentro yo personalmente, que no es otra que la etapa de la adolescencia caracterizada por el acceso a la Universidad; el hecho de estudiar una Carrera que ocupará gran parte de mi tiempo diario durante un tiempo definido, provoca que me interrogue a mí mismo sobre la posibilidad de proseguir con lo que más me ha gustado desde que abrí los ojos en el 94. Unos no consiguen lograr los títulos de la ESO, el Bachillerato y acceder a la Universidad sin haber repetido ningún año y otros, por el contrario, sí logran la heroica de saber conllevar el deporte que más les gusta y a la vez sacar hacia adelante todos sus estudios con aptitud. Sin embargo, no es fácil optar, en caso de haber aprobado todo a su debido tiempo, por jugar un tercer año de Juvenil llevando a cabo la exigente vida Universitaria. Algo que bajo mi humilde punto de vista está mal previsto y estructurado; sobre todo por aquellos futbolistas que siempre han pertenecido al club de su pueblo y por motivos académicos deben dejar sin pena ni gloria la camiseta y los colores aparcados. Muchos deciden preguntarse directamente: ¿Fútbol o Estudios? Una cosa me privará de la otra, a la cual dedicaré mi máximo potencial. Aún así... ¿Quién está tras el gatillo? No hay nada ni nadie que imposibilite el hecho de que puedas seguir disfrutando (quién sabe si el último) con lo que más te apasiona. El Fútbol, queridos lectores, sigue siendo una práctica con un nivel de exigencia proporcional a la edad con la que juegues, pero no deja de ser un deporte, un estilo de vida y con ello, una forma de disfrutar. Si tienes la oportunidad de disfrutar de tu último año Juvenil no lo dudes, arrepiéntete tan sólo de aquello que no hayas hecho; porque si te arrepientes cuando seas mayor, será demasiado tarde. Además, ¿quién sabe lo que podría pasar mañana? Conserva la actitud, el trabajo, la humildad y algo con lo que naces y no haces, la ilusión.

Nacho Liaño

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