lunes, 30 de julio de 2012

Forget everything.

Cuando no puedas más, supérate un segundo más, aguanta. Cuando lo hagas, piensa que lo has conseguido, y habrás continuado otro segundo más.
a olvidarlo todo.  
Ha sido una semana dura, muchos entrenamientos... muchas horas de ejercicios , de golpes, de choques, de goles, de fallos. Y llegó la hora. Me parece tan gracioso ver cómo es tan fácil decirlo pero lo costoso que es el esfuerzo, el sacrificio, el trabajo aportado durante estos 6 días en vistas a lo que va a suceder hoy. Sigo aquí con la cabeza pegada a un cristal como si de la libertad propia se tratase y yo a ella en ese mismo instante pudiese aferrarme... a escasas 2 horas antes de que comience la batalla de nuestras vidas. Un partido decisivo. No nos jugamos nada realmente, no se trata de un partido por el Campeonato Liguero, ni tampoco una final de Champions League... en el casillero tan sólo significan 3 puntos más si obtenemos la victoria, pero hoy nuestras botas van a sentir de verdad lo que es el Fútbol. Vamos a disputar 90 minutos por el honor, por la valentía, por la entrega, por la lucha, por la garra, por la dignidad, por la libertad y por el placer que nos produce este deporte. Vamos a morir en el campo. ¿Por qué? Porque vivimos para ello. 
Me he ganado un puesto entre los 11 jugadores que van a dejarse la vida sobre el terreno de juego. ¿Que qué me espera ahí fuera? Sinceramente, aún no lo sé. Pero de lo que estoy seguro es de que no es menos que la gloria. Y que si la conseguí fue porque un día, como hoy, sigo luchando por un sueño con el anhelo de tocar el cielo con los pies en la tierra. 
Bajo del autobús. Entramos en el vestuario... una charla técnica que paraliza el corazón, que activa los músculos, que te calienta mental, psicológica y espiritualmente. Miro hacia mi rincón, allí está mi camiseta, con mi nombre y dorsal que porto y con un escudo resplandeciente sobre mi pecho. Beso mis espinilleras, me coloco las calzonas y seguidamente estiro las medias para justo después ponérmelas junto a las armas de guerra, mis botas. Las acaricio, sin ellas yo no sería nada... Salimos a calentar. Concentrados, metidos en el juego. No importa nada ya. Fuera no existe más que bullicio y ruido que convierten el deporte en puro espectáculo. Tan sólo un balón, 10 compañeros, 11 adversarios y una meta. Vuelta al vestuario nos abrazamos en coro todo el equipo, no quedan más que minutos para que de comienzo el partido de nuestras vidas. Rezamos, tan sólo queda tiempo para las últimas indicaciones de un míster absorto ya en la ejecución de lo que será la batalla de nuestra historia. Y te encuentras ahí... sólo... tan sólo con tu equipo, el cuerpo técnico y todo el equipo adversario. Ahí, en el túnel de vestuarios, dispuestos a salir a la cancha, a dejar cada gota de sudor, a derramar la sangre que haga falta por el escudo de delante y que algún día éste derrame lágrimas por la ausencia del nombre de detrás. Es hora de dejar la mente en blanco. Tan sólo un balón, 10 compañeros, 11 adversarios y una meta.


Ver cómo el árbitro dirige el pito hacia su boca, escuchar el sonido del silbato y...

Tuya es la suerte si la persigues.
Tuyo es el balón si lo anhelas.
Tuya es la oportunidad si la buscas.
Tuya es la responsabilidad si la pierdes.
Tuya es la victoria si la luchas.
Tuyo es el sueño si lo deseas.
El balón rueda y...
...Y a olvidarlo todo.

Nacho Liaño

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