martes, 3 de julio de 2012

Sobre las vías del tren.


Solo, como casi siempre. De noche, como cuando te conocí. Te escribo desde estos raíles para decirte que... bueno, es difícil. Hoy es el día que más falta me haces pero no te tengo y sin embargo cubres la totalidad de mis pensamientos. Es el día en el que decidiste cambiar de vía, el día en el que nuestro camino acabó dividido y tú tomaste un itinerario en el cual mi nombre no aparecía ni en los créditos. Estoy perdido en nuestro arcoiris, el mismo que se esfumó, y con él nuestros besos. Estoy cubierto por tu sombra, mientras nuestros mundos siguen adelante. Y hay una espina en mi costado. Es la pena, es el orgullo, de ver cómo tú y yo seguimos cambiando, seguimos adelante... 
Ya dejé los acantilados, los preciosos atardeceres en los que veía contigo cómo el sol desaparecía en el horizonte y, agarrado de tu mano, te susurraba un te quiero infinito que ni el mayor choque de las olas contra las rocas pudo silenciar. Ahora no es fácil mantener el equilibrio, aprendo a dar un paso tras otro para no tropezar y... ¡qué hipócrita fui! al no poder aplicarlo en nuestra vida, en nuestro mundo, en nuestro camino, en nuestra vía. Decidí enviarte una nota en el viento, para que leyeras nuestros nombres y desde estos raíles hoy pueda escucharte leerla... escuchar cómo tu voz, dice mi nombre... y conservar ese sonido. Estoy perdido.

Nacho Liaño

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