lunes, 27 de agosto de 2012

'Vamos a jugar a un juego.'



La vida está repleta de buenos instantes. Momentos inolvidables... ratos verdaderamente maravillosos que marcan en lo más profundo de una persona. Y es que hay veces por las que merece la pena sonreír todo el tiempo; siempre hay que sonreír, para vivir esta clase de oportunidades que se nos presentan casi siempre que lo deseamos. Puesto que no hay días especiales... ya que, como tú decías, debes ser tú el que actúe y haga realmente que los días valgan la pena. Hoy recuerdo una vez más en el día que te conocí. ¿Me ayudas a contarlo? No es fácil evitar emocionarme al recordarlo, porque, aunque no fuese el típico choque de libretas en el instituto en el que las recogías y el impacto visual era maravilloso... o simplemente en la cola de un supermercado brotara ese hechizo hipnotizador, fue un momento fantástico. La magia fluyó por mi cuerpo y sentí cómo mi alma desnuda caía frágil cual vaso resbalado por unas manos desmañadas.
Fue curioso, casi de chiripa diría yo, aquél día que me levanté y vi que las llaves del coche que dejé en el cenicero de la cocina habían desaparecido. ¿Tenía que ir andando a mi destino?

Destino. Eso fue lo que me llevó a ti... porque, de no ser por mis habituales despistes, hoy no estaríamos en estas mesas desayunando mientras hablamos. 5 Años después aquí nos ves... 5 años después desde aquél día que entraste por aquella puerta de mi cafetería favorita desorientada. ¿Yo? Sentado en la típica esquina leyendo el periódico de la mañana... ya sabes cómo me gusta tomarme un buen par de tostadas, acompañadas de muchas líneas escritas y el ir y venir de la gente. Cada uno con su vida, con diferentes destinos... me fascina. Ese día estaba apesadumbrado... ni el hecho de perder las llaves, ni el sabor de dos tostadas con su correspondiente café me llenó tanto como aquella sonrisa que cruzó el umbral de la puerta una vez leída la sección de deportes. Como si la cafetería aún no hubiese abierto, y yo me hubiese colado como el que se cuela media hora antes en la sala para la reproducción de una película cinematográfica, veía todo oscuro. Fue entonces cuando el halo que embriagó la sala me hizo rebosar de energía hasta tal punto que las acciones que posteriormente se produjeron no estaban planeadas por el cerebro... era más una cuestión de sentimientosBueno, llamémoslo mejor 'impulsos'. Me acerqué a ti decidido (demasiado diría yo) y es ahora cuando te confieso lo tímido e imprudente que me parecía toda esa valentía brotada por un flechazo de luz; cuando te susurré al oído una frase que jamás olvidaré: -'Vamos a jugar a un juego.'- te dije. Sin preguntar, directo y sin trabas. No supiste qué decir, incluso creerías que yo estaba loco, a juzgar por la estupefacción de tu rostro. Acto seguido, no esperé una respuesta (aunque de hecho no la esperaba incluso momentos antes de lanzar la frase) y te cogí la mano sin previo aviso. Invierno, pero el calor de tu piel era innegable. Entonces me acerqué a ti, el tiempo se congeló (como en las pelis), y te hablé mediante susurros: -Si consigo darte un beso- me aventuré,- sin rozarte los labios, ¿me dejarás darte uno besándolos?. 5 Años... y esa linda cara que pones de indecisión sigue siendo la misma, me vuelve loco. Te reíste... ¿quién no reaccionaría de esa manera ante tal reto? Pero sin saber si quiera cómo, accediste a aceptar el reto propuesto y me lancé. Esa milésima de segundo en la que mi boca fue acercándose poco a poco a la tuya es indescriptible. Dos milésimas de segundo después te miré fijamente, tú aún sorprendida por lo ocurrido, y me salió del corazón otra frase que, a pesar de costarme el primer bofetón (y gracias a Dios no fue el último) me permitió besar unos labios de ensueño: -'Ups... Perdí.' -contesté avergonzado.

Nacho Liaño

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