lunes, 17 de septiembre de 2012

Estoy esperando una señal.

Suenas como una bella sinfonía... el eco del altavoz me incita: Los agudos y los graves. Háblame. Una palabra de deseo, diciendo que tú tienes la llave. No quiero perder mi tiempo, estoy esperando una señal. No quiero perder mi tiempo, porque estoy esperando una vez más. 
Porque este es mi sueño... y lo estoy dando todo.

(Recomiendo enormemente la reproducción de la canción en Youtube... ya sabéis que le da un toque especial.)

No soy el más indicado a enseñarte, porque si bien me equivoqué mil veces no me equivoqué ninguna. Y es que el significado de la palabra valorar se ha vuelto tan relativo... tú te lo tomas tan a tu forma. Una forma que de ninguna de las formas, valga la redundancia, puedo no entender ni apreciar puesto que tú eres conmigo y gracias a ti yo puedo ser. Porque no ando con zapatos, pero tú tampoco presumes de coronas; aunque he de admitir que en todos mis sueños eras mi princesa. Te estoy mirando y me siento como el pobre mendigo del pueblo, aquél que recoge el pienso para echárselo a la primera piara que me ordenen. Y es que yo no fui de elegir muchos platos, porque no tuve esa oportunidad. Además, aunque la hubiese tenido, siempre tuve claro cual era mi plato favorito. Siempre el mismo, ningún otro reemplazaba su lugar. No entiendo cómo puedes ser capaz de ser mi sueño y además la razón que me hace perderlo a la vez. Es algo que sólo has conseguido tú. No sales de mi cabeza, pero no es una queja... es una sensación de alivio, como la que siento al terminar de limpiar mi último establo y me acerco de nuevo, en mis sueños, a ver a la princesa de los mismos cómo se peina y se maquilla para ver a un Rey que nunca supo aprovechar lo que tenía delante. Y, qué cobarde fui, cuando cada vez que me acercaba a ti, agachaba la cabeza, sin saber que decir. Y, qué cobarde fui, cuando una vez decidí, decirte lo que me encantabas allí, delante de ti. No habría Rey que lo impidiera, ni jefes a los que obedecer, puesto que en el amor no existen reglas ni cadenas, porque él todo lo puede vencer. Y me armé de valor, y sin dudarlo cogí, y te dije lo que te quería.... todo lo que pensaba de ti. Me cortarían el cuello, pero... ¿y eso qué importa? Si la vida la viviera contigo, se me haría demasiado corta.
Aquí sigo pensando, a qué hora saldrás a dar una vuelta para contigo volver a coincidir, mientras tanto me quedo aquí esperando, para volver a mis sueños y dormir... y mientras esté despierto; seguir pensando en ti.


Nacho Liaño

No hay comentarios:

Publicar un comentario