lunes, 24 de septiembre de 2012

Mi propio estilo.

Esta historia está basada en hechos reales.

Todos tenemos una primera vez. La experiencia de haber hecho algo nuevo siempre es gratificante y, cuando suceden cosas mágicas durante dicha experiencia, el recuerdo se te queda grabado en la mente pudiendo calificar el instante como algo inolvidable. Sinceramente cuando me subí a un tren por primera vez no esperaba que dentro me iba a encontrar una persona que con tan sólo una pequeña conversación desde Jerez hasta Sevilla iba a enseñarme muchísimas cosas interesantes. Tantas que aún me cuesta recordar algunas, y estoy seguro de que así será; pero la recomposición de los hechos fue más o menos como sigue...
Rápida, como la velocidad con la que tecleo estas letras, fue la mirad fugaz que me lanzó un hombre que rozaría su quincuagésimo aniversario, a juzgar por una superficial primera vista, justo después de subirse al transporte. El colapso de gente me aturdió, puesto que en la anterior parada, aquella en la que me subí, no fueron tantos los pasajeros que ocuparon sus respectivos sitios. ¡Ah!, hablando de sitios. No respeté el número de asiento que figuraba en el resguardo de mi billete. No es que pretenda parecer dramático, ni mucho menos, pero el mero hecho de viajar por primera vez de esa forma y, de manera incorrecta, hacía incrementar un temor general que rápidamente sería aliviado por las primeras señales de educación que me mostraría el hombre. -Hola chico- pronunció tras mirarme detenidamente medio segundo, y dedicar el otro medio que completaba el mismo al asiento que quedaba libre a mi izquierda. -Buenas tardes- le contesté respetuosamente. Aquél era el típico y formal saludo que se dirigían dos personas civilizadas, hasta que el susodicho volvió a mirarme varias veces y comenzó: -¿Podría sent...- Por supuesto. -zanjé yo antes de que terminase siquiera la frase. Sin saber porqué, el hombre me transmitía seguridad. En su tono, en su forma de gesticular... factores que aprecias y que yo, bajo mi humilde punto de vista, considero importantes a la hora de entablar cualquier relación con cualquier tipo de persona.
Tenía mis auriculares puestos sin música alguna, esto fue algo incoherente dado que la conversación se entabló rápidamente sobre uno de los software más usados por todas las personas que constituimos el mundo; el `Whatsapp'. Así, sin más, el hombre decidió comenzar una conversación como un sincero ignorante de las nuevas tecnologías... algo que me despistó bastante a medida que fue avanzando la tertulia. Vaya, ahora que lo recuerdo, ni siquiera le pregunté su nombre... tan sólo sé que es catedrático en la capital de Andalucía. Catedrático en la Universidad de Sevilla en Arquitectura, concretamente. Además, era Filósofo y poseía algún que otro estudio el cual no logro recordar en este instante, pero no dejó dudas a la hora de utilizar el don de la palabra y me impresionó en gran medida por lo que a continuación os cuento.
Le conté mi mayor pasión, mi mayor anhelo, mi mayor sueño. El mundo del Periodismo se encuentra actualmente en una especie de sabana deshabitada de fauna original, esto se debe a que ya no se sabe si son los guepardos los que persiguen a las gacelas o es al revés. Sinceramente, no es que haya escuchado muchos discursos sobre la carrera que me quita las charlas con la almohada cada noche, pero los consejos que me dio el Sevillano siguen provocándome más de un rato de reflexión. Hablamos de la esencia de la vida, de la forma en la que cada uno debe disfrutarla en sí lo máximo que pueda y sobre todo el hecho de que cada uno debe hacer lo que le gusta; lo que realmente crea que se le da bien e imprescindible´el mero hecho de que esté contento con ello. Eso era algo fundamental. Despertarse cada mañana para luchar por algo que no te hace vibrar el esófago no merecía la pena, y es que una persona trabaja para cumplir metas; pero sueña al máximo para no tener que ponerse límites a sí mismo.

-Debes marcar tu propio estilo. -Aseguró el catedrático. -¿A qué se refiere con ello? -le pregunté intrigado, sin perder tiempo. -Es más sencillo de lo que parece -sencillamente algunas de sus frases consiguió que pensase en más de una ocasión que realmente existen personas con las que en un servicio de tren aprendes más que con otras toda una vida-. Consiste en valorar lo que conoces -prosiguió.- y no te olvides nunca de quién eres. Recuerda de dónde vienes, y todo lo que has pasado hasta llegar a tu objetivo. ¿Ves este cuadrado? -Señaló una anilla de metal en forma de cuadrado cuya utilidad no conseguí descifrar dado que la atención la tenía totalmente captada el individuo que me estaba parloteando.- Esta es tu familia, tus aficiones, tus gustos, tus creencias... todo esta hecho de pedacitos de ti. Cada uno de estos pedacitos te forma a ti como periodista, pero sobre todo como persona. Yo quiero -esto sonó en un tono que me atrevería a calificar como cariñoso- que tú salgas de ahí. -puso sobre la anilla su mano y la expandió en señal de libertad, un gesto de salida, de emancipación personal. Poco a poco el reloj de arena de confianza iba aumentando y no dejaba de aumentar. Coincidimos en terceras personas conocidas en común con opiniones muy parecidas, y el catedrático conseguía atraer toda mi atención gracias al realce de facultades que según el arquitecto me habían sido otorgadas; entre ellas la capacidad de saber escuchar. Algo que, sin lugar a dudas, es mucho más importante que la de saber hablar. Comunicar no siempre forma parte del emisor, el protagonista verdadero de la noticia, a veces hay que saber qué se comenta y escuchar las diversas opiniones que existen sobre ello. Otro cumplido que me llamó la atención fue la congratulación por mi voz, algo que desgraciadamente no os puedo describir por aquí, pero no es algo que consideraba como destacado anteriormente, y tras esta pausa de ligeros reconocimientos, avanzamos más y más en nuestra conversación de manera proporcional a la llegada de nuestro destino. Comenzaron a surgir temas más serios... roces de política en los que no tengo aún la capacidad de desenvolverme. Por ejemplo, con la actual independencia de Cataluña como autonomía y la falsa generalización que realizan los periodistas a la hora de colocar y exponer sus titulares con ánimo de lucro. -'Los catalanes quieren la independencia'. -decía él- Eso es una farsa. Los que quieren la independencia son sólo un grupo que engloba esos sentimientos independentistas. No son, por tanto, todos los habitantes que residen en Cataluña los que desean dicha independencia. -el catedrático se mostraba indignado ante tales atrocidades periodísticas-.
Albus Severus Potter mira a su padre, Harry Potter, antes de partir a Hogwarts.
Muchos periodistas fueron expuestos en tela de juicio durante nuestra tertulia, y es que tal y como manifestaba el catedrático; si cometes un fallo en el Periodismo ya cometes un fallo en tu vida. Si mientes una vez, te tacharán de embustero a pesar de las cien exclusivas verídicas que hayas ofrecido antes. Un error te marcaba para el resto de tu carrera. Mencionó, aparte, pequeños detalles que no debían dejarse pasar por alto y sobre todo en la adolescencia... y miles de cosas más que no publico por el mero hecho de guardármelas como algo personal, como consejo, como guía, para así poder marcar mi propio estilo.

Nacho Liaño

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