jueves, 11 de octubre de 2012

Amiga en la intimidad.

Tú, la dueña de mi despertar, amiga en la intimidad y compañera de mis besos...
No fui capaz de controlarme, contigo todo era diferente. Tú conseguías que brotara en mí un sentimiento mucho más intenso que aquél que sentía por la persona que cada día llenaba mi cama y a la vez vaciaba mi corazón. Cada vez que miraba a mi lado veía a una niña ilusionada con aquello que la abrazaba falsamente cada noche. Cada vez que lo hacía, un sentimiento de angustia y arrepentimiento recorría cada centímetro de mi piel. Y es que no mucho menos de 24 horas antes, esos abrazos fueron enlazados con otra persona...
Yo necesito tu cara y despertar contigo cada mañana. Yo necesito tus manos cuando acarician mi alma...
Me vuelves loco. Y es que cada vez que te veía mi alma desnuda caía y eras tú quién bajo las sábanas me amabas sin importarte siquiera la traición que ambos cometíamos. Se me fue de las manos... y pronto se convirtió en mi más profunda obsesión, noche tras noche persiguiéndonos en la cama como si el mundo acabase justo en el momento en el que dejamos de unir nuestros cuerpos en tan sólo uno.
Quítate la ropa lentamente hoy quiero amanecer contigo...
De las caricias y los besos nació la pasión... desenvolviéndonos bajo la tenue luz de la luna... daba igual el sitio. Donde tocase, ahí estaba la esencia de una historia cuyo principio fue expuesto sin ayuda alguna, pero ahora nos desvivimos para acordar un día en el que ponerle fin. Pero no podemos. Es tal la necesidad... aquella que se asemeja a la de una persona cuando le dejan algo a lo que poder aferrarse y cuando se lo arrebatan siente un inexplicable vacío en su interior.
Tu y yo durmiendo con los enemigos, dos seres que jamás hemos querido, los dos saciando un bendito capricho donde somos masoquistas por no volver a nuestros nidos...
Noches de placer, una tras otra, no dejé de fundirme en tu piel. Sospechas incuestionables que dejaban en evidencia más de un querer. Saltándonos mil normas, mil reglas... pero, ¿y qué iba a hacer? Si lo único que deseaba era besarte, esperando volverte a ver. En la escalera, la cocina, el baño... todo el placer causado al nivel similar del daño. Sin darnos cuenta... o eso pretendíamos, pensaba en ti cada instante, cada vez que lo hacíamos. 
Desnúdate al paso mi reina y sólo ámame que el secreto permanezca en un cuarto de hotel; te aseguro que esos tontos no van a entender, que si le somos infieles es por un gran querer...


Nacho Liaño

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