miércoles, 3 de octubre de 2012

Joaquín Sorolla el lugar donde se crió un p... 'poliformista'.

Vaya perlas.

Si eres Carlos Valdés te recomiendo que inicies el cronómetro cuando vayas a comenzar a leer y luego cuando termines comentas cuánto has tardado.

Hacía frío, era el típico día nublado, mediados de septiembre. Vuelta al cole. Sinceramente las dos frases que he citado anteriormente podrían tener un significado similar; pero la cuestión es que cuando comencé la Educación Primaria Obligatoria, empecé a relacionarme más con mis compañeros y poco a poco fui adquiriendo junto a ellos la conciencia que a día de hoy sigo 'actualizando' como si quisiese aumentar el número de iconitos en el Whatsapp y voy y renuevo la versión. Está bien, acabo de dejar en evidencia lo pequeño que sigo siendo. Y me enorgullece recordarlo, puesto que cuando entré en la clase de 1º de Primaria, como se le conoce coloquialmente, vi a un chico despeinado con rizos (que en la actualidad brillan por su ausencia) que poseía además una pasividad y tranquilidad asombrosa. Era un chaval retraído, un tanto reservado e introvertido, pero poco a poco fue abriéndose a la sociedad al igual que su madre ... bueno eso lo contaré más tarde.
Hábitat del espécimen en cuestión.
Poco a poco cogí confianza con él, pero a medida que iba pasando el tiempo y nuestra amistad se iba forjando cual anillo de Frodo, me di cuenta que éramos dos personas totalmente diferentes, pero a la vez tan iguales. El joven del que os hablo sólo ha aguantado dos mangos un mango en toda su vida, el de una raqueta Wilson. Su pasión por el Tenis y la calidad con la que jugaba deslumbraba a jóvenes y mayores. Y yo, por otro lado, Futbolero total. Aunque nunca nos lo dijimos, mirábamos el deporte del otro como 'poca cosa'; y es que aún recuerdo las batallitas que manteníamos por cualquier tontería. Pero era su sonrisa lo que realmente iluminaba a aquél chico, sin aparente razón, sacaba a relucir sus inmaculadas paletas (a partir de la mitad de la ESO, porque antes aparatos y nanay (como la caseta)). 






Amigos de Carlos (no saben lo que hacen).
Innumerables las tardes que pasamos jugando al Dragon Ball Z Budokai Tenkaichi II (el nombre del juego más largo que un domingo sin fútbol) en mi casa, las palizas que nos pegábamos en esa cama... no hay hueco para malinterpretaciones, claro está. Lo único que nos tocábamos era los cojones mutua y diariamente y metafóricamente siempre hablando. NUNCA ME GANÓ AL PRO. Tenía que decirlo. Era mi víctima favorita, jamás en su vida consiguió en 90' virtuales mantener un resultado favorable para su equipo pero no veas el hijo de puta cómo me las clavaba desde el centro del campo con Shevchenko. ¿Lo habéis visto comer chuches alguna vez? Yo tampoco. Los 2€ en gomitas comenzaron a cotizarse después de esas partidas de DBZ en frente de Rotamar, y es que influí de tal forma en el chico que ... vale voy a dejar de hablar en pasado, ni que se hubiera muerto cojones. Mantiene el récord de kms realizados en su bicicleta naranja y negra de carbono; por cojones a los de la clase se nos tuvo que quedar en la cabeza lo de carbono, repetía más esa frase que señalar al cielo cuando escuchaba un avión de la Base salir o entrar. Te decía los litros de gasolina que gasta a la hora, el tipo de avión que era y el color de los calzoncillos del piloto. Lo peor es que acertaba en casi ná todo. Así toda Primaria, la ESO y Bachillerato. Había que darnos un premio por aguantar tanto. Lo queríamos mucho. Le teníamos aprecio. Era buen chaval. Y tras miles de aguantadas de frente en Feria en Los Pinos echando Rebujitos, miles de vídeo de Inglés con Jesús el Unicejo (que sí Carlos, que le tenemos que pedir los putos vídeos con Seth, Beto (Pf, malísimo!) y el Bola (Creo que ha muerto)), miles de 'Banana Split' (no me preguntéis qué es cada vez que venía de entrenar me decía que había hecho uno y yo le preguntaba si había ido a entrenar o merendar pero bueno), miles de Kebabs en La Costilla y sobre todo miles de recuerdos que hoy nos deja, a pesar de estar luchando duro en el otro lado de la península, nuestro amigo Xarley. Lo despedimos como merecía: Un beso y pa casa.
Carlos tuvo que repetir su Comunión.
Ese día le montamos una pancarta y todo, bueno, yo qué te voy a contar, si tú estuviste allí. Si no estuviste espero que tuvieses falta justificada o sino eres un maldito hijo de puta cotilla de mierda querido entrometido que lees esto. Nos despedimos de él en el piso, justo tras dejarlo al lado de su damisela y, antes de llegar al Calvito siquiera, nos alegramos de habernos desecho de él lo echábamos de menos. Recuerdo atrás del garaje de Julio la que liamos para hacer la pancarta ¿eh Dani? Quedó del carajo bien. Y me acuerdo que lo despedimos, pero desde que hicimos la pancarta hasta la hora en la que nos plantamos en su casa estuve en su salón jugando nuestro último PRO... ¿a que no sabéis quién ganó? 
Carlos y Nacho; un día después de llegar en patera le dan el Título de Bachillerato.
Nacho Liaño

2 comentarios:

  1. Asaaaajajajajjajajajajaja no me he podido reir mas!!
    Que grande eres Nachito, y nuestro querido Xarley ni te cuento..

    ResponderEliminar