miércoles, 14 de noviembre de 2012

La fábula del caballo.



Un humilde campesino, que labraba día tras día la tierra de su capataz, poseía algunos caballos que le eran útiles de forma que les ayudase en los trabajos de su pequeña hacienda. Un día, su capataz le trajo una noticia trágica, y es que uno de los caballos con los que trabajaba había caído en un viejo pozo abandonado. El pozo por el cual el caballo se había precipitado era el más hondo de toda la hacienda, lo cual significaba que la dificultad de sacar al caballo del foso era extrema. Hasta tal punto de que, una vez llegado el campesino al lugar del accidente y tras evaluar la situación viendo cómo el animal no había sufrido ningún daño propiciado por la caída, tomó la difícil decisión de sacrificar al animal dado que el coste para extraerlo de aquél pozo era demasiado elevado. Fue entonces como entre el capataz y todos los empleados comenzaron a cubrir al caballo con tierra mediante palas, con la intención de ahogar al desafortunado animal. Sin embargo, cuando ya todos temían lo peor, el caballo salió por su propio pie de aquél pozo abandonado, pues a medida que la tierra caía en el animal éste la sacudía y se iba acumulando en el fondo, posibilitando al caballo el hecho de que pudiese subir lenta pero eficazmente. Los hombres se dieron cuenta de que el caballo no se dejaba enterrar, sino al contrario, estaba subiendo hasta que finalmente... ¡consiguió salir!


Si estás 'allí abajo', sintiéndote poco valorado, y los otros lanzan sobre ti la tierra de la incomprensión, la falta de oportunidad y de apoyo, recuerda el caballo de esta historia. No aceptes la tierra que tiraron sobre ti, sacúdela y sube sobre ella. Y cuando más tiren, más irás subiendo, subiendo, subiendo...

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