viernes, 20 de diciembre de 2013

Firma Invitada Nº 4 - 'Reflexiones'.

Hace unos días un ilusionado del mundo del periodismo me dio la oportunidad de estampar mi firma para La inspiración entre palabras y sin preámbulo alguno acepté. Simplemente intentaré que esa firma sea el comienzo de muchas reflexiones.
Cuando era niña mi madre dejó caer entre mis manos un enorme paquete con un abultado lazo turquesa. Yo, impaciente, no esperé ni un segundo para abrirlo.
- ¿Un libro?, pregunté con cara de decepción. –Por lo menos tiene unos bonitos dibujos, pensé. Un íntimo amigo de la familia, Laureano, librero de profesión, había aconsejado a mi madre que era el libro perfecto para mí y que ya tenía la edad suficiente como para leerlo.
Ariadna es estudiante de Filología Hispánica.
Era tan ingenua que jamás abría imaginado que ese “librillo” fuese a determinar el “yo” en el que me he convertido. Se suele decir que si juzgas un libro por su portada te puedes perder una gran historia, pues yo acerté. ¿Quién sabe lo que habría sido hoy de no ser por esos vistosos garabatos?                 
Lo que empezó siendo una  simple distracción, muchas veces impuesta por mi madre, se fue convirtiendo en una necesidad.  Fue en ese instante cuando comprendí que lo más maravilloso que tiene el ser humano es la capacidad de creación, de ideación, de sentir, soñar, recrear. Fue en ese mismo instante cuando aprendí a vivir, Lewis Carroll fue el culpable de todo. Sus palabras calaron en mi mente como lo hace el agua sobre la tierra seca por el hastío, creando un mundo que solo nosotros entendíamos, del que yo era partícipe. Es curioso, un hombre al que no conocía  había despertado en mí con sus palabras el ansia de explorar, de sentir, me enseñó a entender a conocer.
Las palabras... ¡qué arma más poderosa! te pueden hundir o encumbrar, te pueden sacudir o abrazar, te pueden llevar a realidades ficticias. ¡Qué curioso!
En fin, creo que al final los hechos son los que nos definen, y por tanto si Lewis Carroll en 1862 no hubiera ido a dar el paseo que le inspiró a escribir su libro, el librero jamás hubiese podido aconsejar a mi madre, si el editor no hubiese imaginado la portada, yo jamás hubiese navegado por las hojas de ese mar, hasta entonces inexplorado para mí.
Pensadlo por un instante, puede que lo que hagáis hoy repercuta en alguien en un futuro, solo espero que mi firma os haya hecho reflexionar y así habré puesto en marcha el mecanismo que me trajo a lo que soy ahora.

Por cierto, mi despertar  fue Alicia en el país de las maravillas.
Ariadna Andero Morales

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