lunes, 10 de febrero de 2014

¿Qué corre más: El ser humano o la tecnología?

Hoy, en la presentación de la clase de 'Historia del Pensamiento político y social' el profesor dijo lo siguiente: 'Si nos damos cuenta, se han producido grandes cambios estos dos últimos siglos (del SXIX al SXX) , si los comparamos con otros dos siglos anteriores a la historia. La estupefacción de la cara de una persona que viaje en el tiempo entre esos dos siglos sería mayor que la de otra en una época más antigua.'
Y es algo en lo que, además de estar plenamente de acuerdo, llevo pensando bastante tiempo. La abrumadora velocidad del avance de las tecnologías. Tecnologías que creamos nosotros mismos y que aunque suene a disparate son ellas las que nos dominan a nosotros. Miles de estudios se realizan para ver la frecuencia con la que nos urge ver nuestro smartphone por si da la casualidad de que tenemos un mensaje nuevo, una mención o una foto en la que salimos etiquetados. 

La tecnología mueve mucho, mucho dinero. Eso lo sabemos todos. Digamos que estamos entrando en una nueva época en la que hasta bajar las persianas de nuestra habitación se realizará por control remoto. Cada vez controlamos más situaciones que a priori parecían incontrolables de forma insalvable. Sin embargo no todas estas novedades y facilidades provocan ventajas... por poner un ejemplo fácil: Antes costaba algo de dinero mandar un SMS en el que sintetizabas una emoción o expresabas un comunicado. Y ese 'algo de dinero' diferencia el verdadero sentimiento de las aplicaciones de mensajería instantánea gratuitas. En ese sentido, salimos perdiendo. No es la misma ilusión, por decirlo de alguna forma, la de recibir un whatsapp a recibir una llamada o un mensaje de texto. 
Es obvio que en otro tipo de contextos la aparición de esta herramienta ha cosechado muchas amistades y relaciones en poco tiempo y además a distancia. 
Cada vez más fácil, cada vez más cómodo, cada vez más asequible es hacer cualquier tipo de acción... y eso complica las cosas, irónicamente. Nos cuesta más trabajo y nos quejamos más con cosas que hacíamos anteriormente y nos considerábamos afortunados por realizarlas. 
Sólo queda ir acostumbrándose a una nueva época de tecnologías en la que se pretende buscar, además del más que evidente beneficio, el bienestar para las personas, sin que ello tenga que costar la pérdida de unos valores que antes teníamos y que dignificaban a la persona de una forma distinta a la que se conoce hoy.
Nacho Liaño

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