martes, 3 de junio de 2014

La ignorancia de la felicidad.



Algún día me gustaría llegar a expresar con palabras lo que se siente con el corazón. Lo sé, parece algo inaudito. Pero el valor que tienen las palabras puede hacernos entender muchas cosas, puede explicar muchos sentimientos, entender muchas decisiones, razonar muchos problemas. Y contar experiencias que no olvidarás en la vida...
'Yo, tú Auxiliadora'.
'Tú, mi costalero'.
Porque hay tardes que no se olvidan fácilmente. Y es que la vida te presenta en determinadas ocasiones momentos maravillosos. Mayo estaba lleno de esos instantes. Pero uno de ellos, el más especial, se pudo vivir el pasado día treinta del quinto mes del año, con el motivo de la salida procesional de María Auxiliadora del colegio de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (conocido popularmente como 'Las Salesianas') en mi pueblo, Rota. Tan sólo por el ratito que se vivió en aquella calle, durante la procesión, merece la pena sacar un paso a la calle. Tuve la suerte y el privilegio de poder formar parte de la cuadrilla de costaleros que llevaban a la Virgen a pasear por la alberquilla por segundo año consecutivo, y este año no me puedo resistir a contaros la experiencia que supuso para todos los que estuvimos allí lo que ocurrió aquella tarde.
Lo de aquél día era algo especial. A finales de mayo, como cada año, la Virgen salía del Colegio para auxiliar a sus vecinos y que éstos pudieran agradecerle a su Madre cada suspiro de vida que Ella les había regalado.
Casi con el itinerario terminado, justo el momento en el que se realizaban los últimos relevos bajo las trabajaderas, revirábamos hacia la calle Joaquín Sorolla. No era una calle cualquiera. Allí se encontraba la más que conocida en Rota asociación de discapacitados. Una sociedad que desinteresadamente predispone su total atención a los jóvenes de la localidad que padecen diversas enfermedades físicas o psicológicas y cuyos encargados tratan desde el más sincero cariño a todos los que van a la famosa 'Sede'. Allí todos se conocen, todos son amigos y realizan actividades lúdicas además de participar en diversos eventos... ¡hasta en obras de teatro! (que recomiendo fervientemente).
Tras una nueva levantá, llegó la chicotá más especial. Todos los que estábamos bajo el manto de nuestra madre lo sabíamos. Ese era el momento para el que habíamos trabajado tanto durante tiempo atrás. Ya estaban fuera de la sede todos los chicos expectantes, por mirar nuevamente, el rostro de María Auxiliadora. Nosotros, unos simples trabajadores que acercan la Fe a las casas que no siempre pueden permitirse el lujo de ir a ver al Señor o a la Virgen, éramos conscientes de la importancia de aquél momento. Éramos los pies de María. No podíamos fallarles.


Sonó entonces 'La sangre y la gloria', y empezamos a trabajar. Todos sabíamos en ese momento en el que comenzó a pedirse la izquierda delante, derecha atrás lo que teníamos que hacer. Enseñarle su Virgen a los que más lo necesitaban. Fue probablemente el único momento en el que debajo del paso no se escuchó más que el ligero rachear de las zapatillas al revirar y algún leve sollozo que fue menguando conforme los chiquillos, en el portal de la asociación, gritaban extasiados porque la tenían ahí. Frente a frente. Un año más. María Auxiliadora volvía a llamar a la puerta de los discapacitados un nuevo mayo. Y ellos respondieron con aplausos, con expresiones de júbilo y la algarabía de una calle que estaba presenciando la Fe en todos sus términos. Al lado mía, un compañero lloraba y lloraba desconsolado...
'Esto no se puede aguantar...' me decía. Más de diez años llevando el Auxilio cada 365 días y aún se le encogía el corazón de tan sólo pensar lo que estaba ocurriendo ahí fuera. Una revirá que fue eterna. Ante la emoción desmesurada de tantos jóvenes, pusimos la sonrisa más importante que existe. La de todos aquellos niños que estaban en Joaquín Sorolla viendo a su Virgen. Personas que regalan lecciones de vida sin pedir nada a cambio, que convierten en ínfimos nuestros más grandes problemas. Gracias a todos los que con el tesón, la paciencia y la vocación, cuidan y enseñan a estos chicos. Aquella tarde fuimos el resto los que aprendimos. 
Nos vemos en Joaquín Sorolla el próximo mayo, chicos.


Nacho Liaño
FOTOS: José Luis Lluelma
El Costal de Jesús

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