jueves, 30 de octubre de 2014

"Quillo... ¿qué es el arte?"

Ayer tuve el placer de asistir a uno de los seminarios que más interés me ha causado en lo que llevo cursado en esta carrera universitaria tan fantástica como es la del periodismo. El lugar era bastante especial, pues no todos los días puedes campar a tus anchas por el Ramón Sánchez Pizjuán. Sin duda hablamos de un estadio de fútbol mítico para el fútbol nacional e internacional que ha visto y ve cómo su equipo, el Sevilla FC, ha disfrutado y disfruta de una de las mejores etapas de sus 109 años de historia. Sin duda era un gran aliciente para disfrutar de estas jornadas que ya os anticipo han sido muy enriquecedoras
Sin embargo, el terreno de juego se vio en un segundo plano a pesar de que realizamos una guía por el Estadio. Digamos que "el verde" se tornó color tierra. El acto estaría salpicado de capotazos en vez de regates, de burladeros en detrimento de los banquillos, de trajes de luces en vez de vestidos de corto y sobre todo, en un capote de brega en vez de un balón: el césped se convirtió en albero y empezaron a embestirnos una tras otra cada una de las mesas llenas de sabiduría sobre este mundo taurino y nosotros, jóvenes afortunados, a investirnos de cultura que, más allá de estar a favor o en contra (cosa que aviso desde ya, aún desconozco), forma parte de la tradición y la historia de España. 
Mucha gente habrá dejado ya de leer, supongo. Es triste, pues podrían escribirse miles y miles de libros con los que podrían demostrarse cómo gran parte de la sociedad hace oídos sordos cuando lo que escuchan no les gusta o simplemente no lo comparten. No se quedan a debatir. Se levantan, blasfeman 'a lo bajini' y dando un suspiro se van... creyendo que llevan una razón que ni siquiera existe. Pasa en los toros, pasa en el fútbol, pasa en la política, pasa hablando de si gusta más el Coca-cola o la Fanta.
Un resumen claro sobre lo que contestaron todos y cada uno de los ponentes son las similitudes y diferencias que encontraban en estas dos pasiones compatibles, según rezaba el título del Seminario, en alusión a la Tauromaquia y al Sevilla FC. 
El individuo que estáis leyendo.
Se desarmaron uno por uno con argumentos desde ganaderos de reconocimiento elevado en Híspalis hasta por ex-futbolistas que fueron santo y seña en Nervión, pasando por periodistas de renombre y destacando la colectividad de la que presume un futbolista dentro de su equipo (aunque la soledad también pudiera darse, con el caso de Súper-Paco en aquellos años gloriosos del Sevilla FC como portero de la meta sevillista) y la desolación que puede llegar a sentir un torero que no triunfa en una plaza de toros, como decía Oliva Soto (matador torero) que acudió encantado a enseñarnos una clase de toros de salón, realizando una serie de pases en la propia sala de prensa. No dudé en aprovechar la oportunidad y le pregunté acerca del respeto que se le tenía al toro, si en el momento de estar en plena faena se le tenía mayor respeto al miura o a sí mismo. Ni corto ni perezoso, el joven camero me contestó que "lo único que importa es el triunfo, no puedes depender de estar pendiente de ti mismo porque es entonces cuando te cogen".
Exacto. Lo que hice con el capote NO  fue arte
Ya en la recta final del seminario, ocurrió un hecho que me llamó bastante la atención, pues hasta el momento las charlas y debates habían sido muy interesantes y este afán de conocer más sobre el tema acentuó dichas ansias de curiosidad. Víctor García Rayo, una de las caras periodísticas más ilustres de Sevilla por su implicación con el mundo cofrade y taurino, destacó que “el Arte lo tiene un torero y no un futbolista, no se le puede comparar”. Me quedé pensando durante cinco segundos en los que la sala seguía atendiendo una por una las palabras que señalaba el periodista de El Correo TV. Se levantó una mano, que ya olía a recriminación, y con todo el respeto del mundo se dirigió hacia el ponente haciéndole saber, según su juicio, que “un futbolista, una jugada, puede tener también mucho arte. El torero… digamos que tiene la necesidad de expresarse”. -¡No es así! – exclamó desde el fondo de la sala el torero antes citado. Claro, ahora a ver quién le dice que no a una persona que sabe lo que es ponerse delante de 500 kg con cuernos que se mueven hacia ti (más explícito no he podido ser, disculpen mi hasta ayer, plena ignorancia taurina) con ‘mú mala leche’ aunque De La Maza dijera que en los ojos del toro “había bondad, y en el mirar de los toros se sabía si uno era bueno o malo de calidad”.  

La sala comenzó pronto a hervir en un jugoso debate en el que los taurinos admiraban atónitos la valentía del chaval que dijo que hay arte en el fútbol tanto como en los toros. Víctor García Rayo no daba crédito a tal afirmación, para él son dos cosas totalmente diferentes, no equiparables. En este momento la compatibilidad de ambas pasiones se reducía a 0. “El torero se juega la vida, no puedes compararlo con fallar un penalti” se excusaba por ahí alguno.
¿Entonces qué es el arte?
Morirse de frío, habrá dicho más de uno al ver el título de esta entrada. Salí de la charla intercambiando opiniones con mis compañeros y me quedó una clara conclusión a la que llegué una vez levantó la mano el recriminador.
Creo fervientemente que no hay ningún tipo de parámetro con el que poder medir ambas pasiones en este sentido, una cosa es ‘el fútbol’ y otra es ‘los toros’. En el trasfondo, empíricamente, podemos encontrar muchas similitudes, pero no creo que en la práctica un futbolista llegue a hacerle una verónica a otro, por muchos olés que hayan rugido en el Sánchez Pizjuán. Ni ningún torero le hará un caño al toro en La Maestranza. El problema es que el término arte lo acuñamos, a mi entender, a la tradición y fiestas que perduran de momento a lo largo de los años gracias a las personas que las siguen, y aunque el fútbol también pueda atenerse en un momento determinado a ser un acto de júbilo y algarabía cuando el balón cruza la línea de la portería contraria, se encasilla en un evento deportivo sin mayor trascendencia, que no digo que sea poca. Es hasta más en el fútbol, es sabido. Este fue uno de los aspectos que también se trataron a lo largo del día, la poca importancia que hay sobre el toreo y el escaso tratamiento informativo de la festividad por parte de los medios de comunicación y por ende sobre la población y se destacó el inexistente apoyo gubernamental y publicitario en las corridas de toros al tener una mala imagen y al estar totalmente contrariadas ciertas asociaciones y colectivos que apoyan la abolición de la tauromaquia,  un sector de la población que es parte de la sociedad.
Ver a José Antonio Reyes clavar un zurdazo desde la esquina del área levantando a más de 30.000 personas, más de 30.000 pasiones y corazones que van de padres a hijos, o al propio Oliva Soto saliendo de La Maestranza con una oreja en la mano, estallando la plaza de toros en vítores y aplausos mientras un abuelo repasa con su nieto los pases que ha hecho antes de que el toro caiga inerte al suelo… No creo que sea necesario calificar a una cosa como arte y a la otra desmerecerla y exiliarla de dicho nombre. Al fin y al cabo, ambas son del disfrute del aficionado al que le gusten estas dos pasiones. No todo tiene por qué ser blanco y negro, tirando de tópicos. Que cada uno llame por el nombre correcto a aquello que más sienta, pero intenten no perder el tiempo en llevarse una razón que ni siquiera existe. Porque en cuanto pierda dos segundos discutiendo por algo que no tiene sentido… se perderá el remate, el final de la faena, sea a un balón, o a un toro.

Y cuando alguien intente imponer su opinión sobre la tuya en este sentido, sigue disfrutando del espectáculo hasta que te pregunten por qué ignoras, entonces, ve y diles: yo me entiendo.”

Nacho Liaño

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