miércoles, 26 de noviembre de 2014

Firma Invitada Nº 12 - '¿Qué es viajar?'

¡Hola a todos, Inspiradores!
¡Qué cerquita está ya de ver la luz el nuevo proyecto que próximamente empezará a dar sus primeros pasos y este blog que recientemente cumplió tres añitos será principal testigo de cómo va evolucionando! Y espero que también vosotros, claro.
Son ya doce las almas que han pasado por La Inspiración Entre Palabras para comunicarse, expresarse e incluso alguno que otro lo ha utilizado para desahogarse. Pero hoy es diferente. Hoy tengo el orgullo de presentar a una compañera que un buen día dejó de lado la carrera de Derecho que había empezado, y encontró en sí misma que su vocación era el Periodismo. Hoy celebramos todos ese buen día. Claudia López es, además de una gran amiga y mejor aprendiz de periodista, una persona que está en constante movimiento, siempre nerviosa porque no sabe cuál será su próximo destino. Su próximo paso. Y es que Claudia es una trotamundos empedernida. Así que móntate en este tren cargado de palabras y piérdete con ella en un viaje que se augura maravilloso: 

¿Qué es para ti viajar, Claudia? Me preguntas.
Te diría que viajar para mí se ha convertido en una manera de entender el mundo. Viajo para sentirme viva.
Empecé a viajar en la barriga de mi madre, ella estaba embarazada de varios meses y ya  en su interior me llevó a conocer La Toscana. Muchas personas viajan quizás por “escapar de la rutina”. En mi caso, viajar es algo que está dentro de ella, o al menos es lo que intento.
He de confesar que cuando era pequeña odiaba viajar. Sí, realmente lo odiaba. Me sentía un poco el “bicho raro” de la clase. Recuerdo que cuando tenía 8 años fui a Venezuela de vacaciones. Meses antes, durante el curso escolar, mi profesora de Primaria se encargó de suministrarme unas pastillas en el recreo, una serie de vacunas preventivas que hay que tomar antes de viajar a América del Sur, pues allí el riesgo de contagio de enfermedades como la malaria de la selva amazónica es muy elevado. Yo quería un verano normal, uno de esos en los que te llevabas todo Agosto durante el día en la playa y por la noche jugabas al escondite con tus amigos de la urbanización de veraneo. Todos me preguntaban el por qué no me quedaba más días y yo, lloraba y lloraba mientras mis padres me decían que cuando fuera mayor lo valoraría. En ese momento no lo entendí. Odiaba los largos viajes en coche, las maletas, las prolongadas esperas en aeropuertos enormes y sobre todo ese aburrido y largo viaje hasta Caracas de 9 horas de avión en el que lo único interesante fue visitar la cabina del piloto y el peluche, con forma de avión por supuesto, que me regaló una azafata.
Claudia es una intrépida viajera que ya va a más de un país visitado por cada año de vida (21 años).
Ya han pasado muchos años de eso, y, haciendo cálculos, he visitado unos 25 países. Ahora sí que agradezco cada día que mis padres me inculcaran la pasión por viajar desde pequeña. Ahora entiendo los motivos por los que viajo:
En primer lugar quiero destacar que no hay nada como la sensación de estar en un aeropuerto, sentir que estoy en “tierra de nadie”, pues teóricamente los aeropuertos no pertenecen a ningún Estado. Las terminales están llenas de emociones continuas, en un mismo espacio se observa la tristeza, la alegría o la indiferencia de personas que van y vienen. Me fascina observar a la gente, imaginar los motivos por los que viajan, el por qué han elegido esa ruta y no otra. En un aeropuerto hay de todo. Desde el novato que viaja por primera vez con Ryanair hasta el empresario que realiza más de dos vuelos diarios. Cuando viajo y estoy fuera varios días, acabo sintiendo que quiero volver, sin embargo, cuando vuelvo en realidad estoy deseando irme de nuevo. Así soy yo.
Viajo para experimentar las diferencias culturales del mundo. Viajar me enriquece como persona, yo diría que hace rico al más pobre. Cuando viajo me dejo fascinar por las tradiciones de las diferentes culturas, me sorprendo de todo cuanto me rodea. La curiosidad es el motor que me mueve al viajar. Esa sensación de incertidumbre que genera un nuevo viaje hace que se enciendan mis cinco sentidos. Ambos son factores que alimentan mis ganas de seguir conociendo mundo.
Cuando viajo, me marco un orden y una serie de objetivos, planeo mi propia hoja de ruta, el recorrido a seguir y los monumentos principales que visitar, pero siempre dejando la puerta abierta a la improvisación, pues  no hay una sensación más placentera que dejarte llevar y perderse por las calles de París o Ámsterdam.
Cuando viajo me gusta conocer a otras personas, aunque mi nivel de inglés sea muy básico, pienso que el lenguaje más importante a la hora de emprender un viaje es el de la gestualidad, comunicar y transmitir lo que necesitamos mediante gestos. Esta experiencia se convierte en un intercambio lingüístico único. Convivir con los locales del lugar te envuelve en un aprendizaje recíproco y continuo. Pienso que se desarrolla una alta capacidad de empatía al conocer a personas de otros países, aprendes a ponerte en su lugar y a entender su forma de pensar. Otro sentimiento que he experimentado a lo largo de estos años es la humildad. Al viajar por el mundo y conocer las desigualdades sociales que se dan fuera de nuestras fronteras te vuelves en cierto modo más humilde en tu vida diaria. O al menos es lo que siento.
Viajo para desarrollar mis inquietudes, por ejemplo, probando la gastronomía de todos los rincones del planeta. Para mí, es una experiencia muy satisfactoria  probar cosas nuevas, liberándome así de prejuicios. Un caso concreto es el de los mercados callejeros de Pekín, donde vendían pinchitos de insectos, como escorpiones o lagartijas. La curiosidad pudo conmigo y lo probé, aunque realmente prefiero un buen solomillo, no os voy a engañar.
Viajar genera un sentimiento de querer saber más y más del mundo en general, sobre todo para los más curiosos. De nuevo recalco la idea de que viajar te enriquece por dentro.
Viajo porque me gusta explorar, emprender nuevas aventuras, aunque a veces esto de viajar puede llegar a convertirse en algo duro. No es fácil observar de cerca la pobreza extrema del Sahara o visitar lugares tan desagradables como los campos de concentración del Holocausto, donde se vivieron nefastos genocidios de gente inocente. Tampoco fue fácil visitar la zona cero del World Trade Center, donde vi colgados los dibujos de niños que se habían quedado huérfanos, en memoria de sus padres, que habían perdido la vida en los atentados del 11-S. Quizás los americanos sean un poco “sensacionalistas” para esto.
Cada lugar tiene su encanto, sin embargo, creo que también es enriquecedor conocer la cultura de tu país, redescubrir la cotidianeidad de tu propia ciudad. Viajar me ha hecho valorar más lo que tengo, y es que ya  lo dijo Antonio Gala: “Lo malo no es que los sevillanos piensen que tienen la ciudad más bonita del mundo, lo peor es que puede que tengan hasta razón”. Por otro lado, pienso que hay muchos sevillanos que se toman esta cita muy a pecho y que solo se miran su propio ombligo. Para gustos los colores.
Viajo para cuestionar mis ideas. Al conocer gente de otras partes del mundo, amplio mi perspectiva, dándome cuenta de que no hay una única forma de ver la vida y que lo más probable es que ni mucho menos coincida con la mía. El aprendizaje es ininterrumpido.
Viajo para ponerme a prueba ante lo inesperado y lo desconocido, para atravesar situaciones imponderables que no experimento en mi vida diaria. Viajar se convierte en un desafío constante en el que aprendes a adquirir responsabilidades ante cada decisión tomada.
Viajar para mí se ha convertido en una inversión, ya que es la única cosa que compras y te acaba haciendo más rico. Son las experiencias las que acaban enriqueciendo tu vida y no los objetos materiales. Viajo para disfrutar del arte. Viajo para cultivar una mente lo más abierta posible. Sin embargo Mark Twain adviritió: “Viajar es un ejercicio con consecuencias fatales para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de mente”.
Aunque no se aún en qué tipo de Periodismo especializarme, me encantaría poder vivir algún día de mi pasión. Es una pena que los corresponsales se estén perdiendo. Y es que también viajo para escribir, para poder dejar mi huella en el mundo de las experiencias que voy viviendo.
En definitiva, viajo para enamorarme de la pluralidad.

Gracias Nacho por dejarme ser periodísticamente pesada sobre el papel (digital). Y a ti, que me lees, infinitas gracias.

«...Viajo para sentirme viva.»

Claudia López Cardona

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